La anoftalmía y microftalmía son patologías que afectan directamente uno o ambos globos oculares. 
La Anoftalmia, en particular, es la ausencia completa del globo ocular, la cual podría deberse a que no se formó la vesícula óptica. En el caso que sea adquirida, su origen podría estar en la aparición de un tumor o haber sido afectado por un trauma. 

Pueden existir repercusiones en el desarrollo y/o crecimiento óseo de la cavidad ocular y de los tejidos adyacentes. Por ende, cuando esta condición viene del vientre, el rostro del niño no crecerá de forma natural, por lo que será necesario un tratamiento para sustituir la ausencia del órgano y mejorar la simetría facial.

La microftalmía, en cambio, es una anomalía ocular en la que uno, o ambos globos oculares, tienen un tamaño muy pequeño, existiendo ocasiones en que este órgano pareciera inexistente. No obstante, podría existir la posibilidad que quedara algún rastro de tejido ocular. 

Cuando los pacientes padecen de esta patología en carácter severo, es necesario que el oftalmólogo evalúe el desarrollo embrionario del globo ocular, pues en estos casos, la pérdida de visión es relativa, según el grado en que esté afectado el órgano.

Quienes padecen microftalmía pueden verse afectados también por un coloboma, (ausencia de tejidos oculares de algunas partes del ojo), ya sea del iris, retina, coroides o nervio óptico, las que también pueden afectar la visión.

Aunque la microftalmía es más frecuente que la anoftalmía, aún no se descubren las causas. 

Usualmente, los profesionales médicos la asocian a variaciones en algún cromosoma o mutaciones de genes. Así, también, se estima que hay factores externos en el embarazo que podrían originar este problema, como el consumo de alcohol y drogas; el uso de ciertos fármacos; o, la rubéola mientras se desarrolla el feto. 

Lo mismo sucede con la exposición a químicos, que puede provocar daños en el desarrollo embrionario del ojo.

Aunque no hay soluciones para revertir el problema, existe la posibilidad para estos pacientes de recurrir a implantes.

Cuando se trata de bebés, se recomienda que se inicie el tratamiento lo antes posible, ya que el 90% del crecimiento orbital se completa a temprana edad. Para esto, se realiza la adaptación de conformadores (dispositivos transparentes elaborados a medida), que se agrandan de acuerdo al crecimiento de la órbita, para luego colocar una prótesis ocular hecha a medida y pintada a mano.